Recordemos que en esta fase del proceso se procede a desarrollar el libreto de la Exposición Oral, o sea, del discurso, como también el diseño y montaje de las Diapositivas.
Veamos los pasos a seguir:
1. Leer y revisar el documento para extractar los textos clave: Lo primero que se hace cuando ya se tiene listo el documento en borrador es leerlo y revisarlo para tomar de allí las ideas centrales (brindan el soporte conceptual general), las ideas secundarias (proporcionan argumentos de desarrollo y profundización) y las ideas complementarias (proveen conceptos de apoyo, ilustración y enriquecimiento), que son los tres tipos de texto que constituyen una Exposición Oral, cada uno de los cuales tiene una función particular y un momento de uso puntual dentro del discurso. Con las ideas extractadas se podrá, más adelante, esbozar el libreto.
Aunque por lo general en esta instancia del desarrollo del proyecto ya se cuenta con una imagen o visualización mental de lo que será la presentación (esto en virtud del tiempo que se lleva procesando información y tratando el asunto y del hecho de que, de todas maneras, la mayoría de las presentaciones comienza a desarrollarse teniendo, cuando menos, una idea vaga y elemental de lo que se quiere), siempre resulta de gran utilidad abordar el borrador porque, además de suministrarnos con claridad y precisión los textos clave, permite validar o desvirtuar el esquema mental que se tiene, o bien, implementar las modificaciones y ajustes que correspondan al caso, todo ello en aras de una mejor presentación.
2. Clasificar los textos: En este punto lo que se hace es aplicar simultáneamente dos criterios diferentes para agrupar los diferentes textos extractados del borrador. Por un lado, según el criterio tipos de texto para una Exposición Oral, se conformará un grupo de ideas centrales, otro grupo de ideas secundarias y otro más de ideas complementarias. Por otro lado, bajo el criterio uso del texto (dónde se usará), se creará un grupo que corresponderá a aquellos textos que se usarán para el discurso y el otro corresponderá a aquellos textos que se presentarán en las Diapositivas.
Evaluar, pulir y redactar los textos: Teniendo los distintos textos clasificados por función y por uso, nos disponemos a evaluar su pertinencia e idoneidad para definir y asegurarnos del papel que jugarán en toda la presentación. En lo concerniente a las Diapositivas, lo ideal es que las ideas centrales sirvan de eje temático o conceptual, proporcionando así el orden de desarrollo de los temas y contenidos, mientras que las ideas complementarias facilitan en el público una lectura que promueve procesos mentales como la asociación, la relación, la comparación, la combinación, la ejemplificación, etc., formas de conocimiento que han demostrado significativos resultados en la interpretación de información por parte de las personas expuestas a ella.
Las ideas secundarias usualmente no se presentan en las Diapositivas porque al constituir la información más amplia, compleja y detallada, invalidan la mayor ventaja de esta herramienta que es la de sintetizar contenidos extensos y proporcionar una guía visual y conceptual para procesarlos y transmitirlos a un público. Además, si se llegase a incluir las ideas secundarias en las Diapositivas, se estaría despojando al presentador u orador de buena parte de su sustento discursivo, situación que definitivamente iría en contravía de la lógica de una buena presentación, donde una de sus premisas señala que en ningún momento y bajo ninguna circunstancia las Diapositivas deben ser más importantes o captar más atención que el orador mismo, pues sólo constituyen una guía para éste y una síntesis para quienes lo observan.
En lo referente a la Exposición Oral, lo recomendado es que el presentador diseñe un libreto escrito (y esquemático, si se estima oportuno) que, al tiempo que lo desarrolla, le irá facilitando la construcción de un orden mental que le permitirá ir estructurando su discurso; dicho orden mental se convertirá en lo que una vez terminado el libreto podría llamarse Discurso Mental. Y la suma o combinación del Discurso Escrito y el Discurso Mental tiene como resultado el Discurso Verbal, que será finalmente el que impacte de forma directa y contundente el auditorio, ya que, ni el discurso escrito ni el mental pueden ser vistos o percibidos por éste.
Si bien el Discurso Verbal se debe nutrir de las ideas centrales, secundarias y complementarias, y debe tenerlas muy bien organizadas y relacionadas mentalmente, como muy bien debe tenerlas también organizadas escrita o gráficamente, nunca el objetivo del presentador es aprenderse de memoria y en su estricto orden todos los contenidos, ni mucho menos repetirlos oralmente frente a sus interlocutores. En este sentido, lo pertinente es construir un marco conceptual apoyándose en los tipos de ideas citados pero dando más participación y profundidad a las ideas secundarias, que son las que proveen el mayor peso argumentativo.